El  Martirio

 

La madrugada del 2 de Octubre de 1936, unos alborotos irrumpen su oración. Su hermana Filomena y su cuñado José intentaban disuadir a los que registraban la casa. Sin dudarlo un instante, la beata MarÍa Guadalupe salió de la alcoba llevando en la mano un libro de oraciones. Al verla los milicianos le preguntan:

  • ¿Es usted monja?

Responde:

  • ¡Soy monja y si naciese mil veces, lo sería en Al Pie de la Cruz!

Es preciso que venga con nosotros – dijeron; y sin mostrar ninguna resistencia respondió:

  •  Vamos entonces.

Sostenida por la gracia del Señor, se mostró en todo momento igual de entera y entregada como a lo largo de su vida. Comenzaba para ella su propio Via Crucis y Via Matris, unida a cada paso a la Pasión del Redentor y a los dolores de su Madre al pie de la Cruz. Abrazada al crucifijo la subieron a una furgoneta, desde la que daba ánimos a sus familiares:

  • No lloréis por mí, pues me llevan a matarme y dar la vida por aquél que primero la dio por mí.

Fue conducida a un tribunal ficticio en el que recibió la sentencia de muerte. Mansa y humilde, como el cordero de Dios llevado al matadero, sus propios verdugos quedaron sorprendidos de su paz y se mostraron indecisos a la hora de cumplir órdenes. Entonces una de las milicianas que les acompañaba les recriminó:

  • ¡Cobardes! Yo misma la mataré.

Dos horas después de haber siso apresada llegó su cruento final en un lugar cercano a la torre Espioca, entre los términos municipales de Picassent y Silla, en la carretera provincial de Madrid. Después de insufribles vejaciones y maltratos, hacia las cuatro de la madrugada, se oyeron los disparos que acabaron con su vida (foto). En ese momento un nuevo nombre quedó inscrito en el libro de la vida: María Guadalupe.

 


2 de Octubre de 1936

Doy mi vida por aquél
que
primero la dio por mí.