Sus Santas Reliquias

 

Las reliquias de los santos y de los mártires son veneradas desde los orígenes de la Iglesia pues unidos con El en la muerte serán los primeros en la resurrección final.  Sus reliquias nos recuerdan el triunfo del bien, del amor, del perdón y de la humildad, y es la prueba de que los santos son de carne y hueso y que es posible vivir en plenitud el Evangelio a pesar de las propias limitaciones, las dificultades y las persecuciones.

El cuerpo de la Beata María Guadalupe, fue hallado vejado monstruosamente, según el testimonio del médico legal Dr. Delfo Martí Fosar: “Todavía estaba boca arriba, descubierta de la cintura para abajo, con las piernas separadas y presentaba un disparo de fusil en las zonas de los genitales”. El enterrador D. Vicente Peris Vila nos ha dejado otros detalles del horror que sufrió por amor a Cristo: “Al moverla y levantar el cuerpo, salió bastante sangre por la herida abierta del pecho a la espalda; parecía que había recibido un disparo de frente, ya que por el pecho apenas había sangre … Las heridas que tenía por el disparo que atravesaba las dos sienes, perdían poca sangre; es posible que fuera el tiro de gracia”. Este testimonio fue confirmado por el último análisis de sus santos huesos, en los que se encontraban diversos orificios de balas en el cráneo y en las caderas, de las que se pudo extraer una de ellas, conservada con devoción, junto a sus santos restos en el nuevo sepulcro.

Antes de la última salida forzosa de la clausura de 1936, la Beata María Guadalupe, dijo en una conversación en que se comentaban las alarmantes noticias de la muerte de sacerdotes y religiosas:

  • ¿Quién será la elegida? ¿A quién arrastrarán por la ciudad?

Una hermana contestó: Yo les pediría que me disparasen por la espalda, entonces la Madre Guadalupe llena de fervor y entusiasmo dijo:

  • Pues yo diría que me disparasen de frente.

Así fue, sin dar la espalda a Cristo, ofreció libremente su vida como víctima de amor.

Sus restos descansan en el Monasterio Al Pie de la Cruz de Mislata, en un sepulcro bendecido, en ocasión de su beatificación por Fray Hubert Mª Moons, entonces Prior general (foto 1).

Al Santo Padre en Roma se le entregó una reliquia, concretamente una falange, conjuntamente con reliquias de las demás causas de mártires beatificados el mismo día (foto 2).

 


Sus restos descansan

en el Monasterio
Al Pie de la Cruz
Mislata (Valencia)