Su vocación contemplativa

 

La Primera Comunión representa el inicio de su camino vocacional. En esa celebración ocurre un hecho inusual que impacta al párroco Don Vicente Pastor, quien ese día dirigió a las niñas que iban a comulgar una pregunta muy precisa:

  • ¿Alguna de las presentes desea entregarse a Dios para ser su esposa y ser enteramente suya?

Siguió un momento de incertidumbre, luego se alzó una mano y tras ella una niña con voz clara respondió:

  • ¡Yo quiero serlo!

Esa niña era la Beata María Guadalupe, que fue durante toda su vida enteramente de Dios y valerosa testigo de su amor. Años más tarde, durante la terrible persecución, se adelantó y no ocultó a los que venían a por ella su más firme vocación:

  • ¡Soy monja y si naciese mil veces, lo sería en Al Pie de la Cruz ¡

La convicción de pertenecer sólo a Dios le costó un martirio cruel. Estaba hecha para ser suya eternamente, pero antes tenía que prepararse.

Después de la Primera Comunión su deseo de consagrarse por completo a Dios crecía cada vez más. En las visitas frecuentes al Monasterio de Al Pie de la Cruz de las Monjas Siervas de María de Valencia, donde su madre tenía una gran amiga, encontró su vocación en la Iglesia. Con el consentimiento de su madre y el apoyo del Párroco pudo ingresar allí a la edad de 15 años (foto). Su inequívoca percepción de que Dios la había elegido nos ha dejado un hermoso testimonio de la madurez religiosa de una niña que daba signos de llegar a ser una gran mujer y una gran cristiana. Mientras se dirigían a Valencia para entar en la clausura un desconocido reprochó gritando:

  • ¡Llevan engañada a esa muchacha!

Ella, sin perder la calma, al igual que en los momentos del martirio, se giró y dijo:

  • Sé muy bien lo que hago, pues es Jesús quien me llama.

Sin duda respondió día tras día a Jesús en la vida pobre, virginal y oculta de la clausura hasta la consumación de su entrega en el martirio.


Es Jesús quien me llama